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Una Perspectiva Espiritual

Los estudios demuestran que el mensaje de los místicos de todos los tiempos y lugares es en esencia el mismo, independientemente del idioma, la cultura o la religión. Un místico es alguien que encuentra las respuestas a las grandes preguntas de la vida mediante la investigación en su propia conciencia. A través de su investigación, los místicos han descubierto que hay un mundo ‘espiritual’ subyacente, que da vida a los mundos ‘mentales’ y ‘físicos’. Mientras que para la mayoría de nosotros los temas espirituales no son más que conceptos, para el místico son hechos de la vida, experimentados constantemente.

Es como si los místicos nos dijeran que el ser humano es un hardware altamente sofisticado que viene con tres programas de software, los sentidos, la mente y el espíritu. La mayoría de nosotros conocemos y utilizamos sólo dos de los programas, los sentidos y la mente. El místico nos enseña cómo activar el programa espiritual y completar la vida humana. Seguir el misticismo, por tanto, no es como adoptar una nueva religión o filosofía, que es una reprogramación de nuestro software mental y físico. El misticismo activa nuestro software espiritual, nuestra capacidad espiritual innata, que nos beneficia independientemente de la enseñanza que sigamos. Todo ser humano tiene el mismo potencial en este sentido.

Cuando tratamos de responder preguntas fundamentales sobre nuestra existencia empleando sólo dos de nuestros programas de software naturales, nos confundimos y, debido a nuestras diferentes culturas y antecedentes, entramos en conflicto. Si alguien, ya sea un místico o un sacerdote, nos expresa verdades profundas acerca de quién o qué somos, esas meras palabras por sí solas no nos hacen entender o percibir esas verdades. Necesitamos, a través del desarrollo del tercer programa de software por medio de la práctica espiritual, experimentar estas verdades por nosotros mismos, para hacerlas una realidad de vida. Cuando conocemos la realidad espiritual, nuestros conflictos por los dogmas religiosos se disipan. En la plataforma de la vida espiritual, los seres humanos pueden unirse como uno solo.

La Cosmología Mística
En los últimos siglos hemos desarrollado muchas ciencias materiales complejas generando impresionantes conjuntos de conocimientos sobre el mundo y los seres humanos. Pero esta investigación se ha limitado a los planos mentales y físicos. ¿Cuán avanzada está nuestra investigación y conocimiento sobre la espiritualidad? Por ejemplo, la física de partículas ahora reconoce la compleja interconexión del universo entero. Los místicos comparten este conocimiento, enseñando que hay un manantial divino de vida, una energía vibrante y positiva, una fuente única de todo ser, concretamente, el espíritu. Los científicos, en su búsqueda de la teoría del todo, pueden haber alcanzado ya los límites del poder de la mente para captar y describir la realidad usando palabras, conceptos, símbolos e imágenes. Los místicos explican que para que sepamos sobre el espíritu debemos ir más allá de la mente y de los sentidos físicos. Uno debe utilizar el método, el software que es compatible para descubrir la verdad espiritual, mediante el desarrollo de nuestra capacidad espiritual interior.

El Viaje Espiritual
Los místicos describen la búsqueda de la verdad espiritual como un viaje que realizamos dentro de nuestros propios cuerpos, dentro de nuestra conciencia. Para entender este viaje primero necesitamos comprender desde dónde partimos, nuestra condición espiritual actual. Los místicos enseñan que la vida de cada uno de nosotros, se proyecta en su totalidad perfecta desde una sola fuente más allá del tiempo. Pero en los planos de la mente y la materia, vivimos nuestras vidas bajo la ilusión del tiempo y la ley de causa y efecto o de acción y reacción. Tenemos que pagar por todo lo que hacemos. El alma, unida a la mente y al cuerpo, tiene que recoger las cosechas de lo sembrado, y pasa de vida en vida, de forma en forma, viviendo y muriendo una y otra vez. Ahora estamos atrapados en este ciclo, denominado el ciclo de la vida, el ciclo de la reencarnación, o la ley del karma, que muchas de las personas del mundo han entendido desde hace tiempo como un hecho básico de la vida.

Ante esta situación, ¿cómo debemos actuar? Los místicos nos instan a despertar, a preguntarnos qué es lo que nos hace sufrir y dónde está nuestra verdadera felicidad, y consecuentemente tomar las decisiones apropiadas. Nos aconsejan que alejemos nuestra conciencia de la vida material cargada de dolor y de cambios incesantes, del borde giratorio de la rueda de la vida, hacia la estabilidad del centro inmóvil, el eje de la vida.

Explican que en el centro de la vida está el espíritu, uno e indivisible. El espíritu es la perfección, es imperturbable, el origen de todo. Del ‘uno’ emerge toda la diversidad, todas las formas de la más sutil a lo más densa, toda actividad y complejidad, la creación completa. El espíritu es amor. El espíritu es energía. El espíritu es vida. La mente, la materia y los sentidos no tienen vida propia: son los medios por los cuales el espíritu se expresa y se gestiona en las dimensiones materiales. El espíritu viene de una fuente que va más allá de la mente y la materia, y más allá de la ley de causa y efecto. El alma, una gota de espíritu que permite que un ser se defina separado del océano de espíritu, es la energía o el poder que sostiene la vida individual. Cuando el alma, la fuerza vital, deja un cuerpo o un ser vivo, ese cuerpo muere, se desintegra y regresa a su materia original, el polvo al polvo. Si el espíritu deja la creación, la creación se disuelve y vuelve a una realidad anterior, menos formada. El viaje místico de la iluminación, entonces, es la expansión y profundización de la conciencia desde las manifestaciones materiales más transitorias de la vida hacia la permanencia de su corazón lleno de espíritu.

Realizando el viaje
Para lograr el éxito en la práctica del misticismo, una persona trabaja tanto en el interior como en el exterior para crear condiciones favorables a la expansión de la conciencia. En el exterior uno minimiza la fuerza vinculante de la causa y el efecto a través de una vida compasiva y concienciada: una dieta vegetariana, sin el consumo de sustancias toxicas o sustancias que alteran la mente y un código de conducta que crea relaciones positivas y de apoyo espiritual con los demás. Interiormente, se dedica tiempo diariamente a la práctica de la meditación para reorientar a la mente hacia dentro. Las técnicas de meditación involucran las facultades dominantes del habla, la vista y el oído para centrar la atención y alejarla de los sentidos y hacia el espíritu, y de ahí surge un estado de concentración, de conciencia elevada y de quietud perfecta. Cuando la concentración llega a ser perfecta, la dedicación absoluta y el anhelo tan intenso que ya no puede ser contenido, la conciencia pasa naturalmente a otra dimensión. La sabiduría recogida en la literatura de todas las tradiciones describe esta experiencia como dichosa y más allá de los límites de la imaginación, llena de la experiencia del espíritu como su sonido cautivador y luz radiante. Observemos los escritos de cualquier místico para aprender sobre este eufórico estado de vida.

La meditación es pues, el sendero que conduce a las profundidades, amplitudes y alturas de la experiencia espiritual. La meditación permite el contacto con el espíritu, el único constante que mantiene la creación unida, el hilo de la vida en el que se enhebran las perlas de la creación. El espíritu ha sido referido en los escritos de las religiones por varios nombres: Logos, Palabra, Nam, Shabad, Espíritu Santo, Tao, Kalima, Akash Bani y muchos otros nombres. Una vez que se le contacte conscientemente en el interior, este espíritu atrae a nuestra conciencia, nuestra alma, hacia arriba, a través de reinos cada vez más sutiles hacia la tranquilidad luminosa de la realidad suprema. La meditación es el viaje de sintonizarse con el océano espiritual del ser puro.

Sólo podemos realizar este viaje como seres humanos. Únicamente el ser humano tiene la capacidad de dirigir la conciencia en su beneficio. Meditar es instalar el software humano completo, para despertar la capacidad espiritual. A través de esta práctica, embarcamos en el sendero, el ‘camino moderado’ de una vida equilibrada, que nos lleva a nuestro destino final.

A lo largo del tiempo los místicos han dejado enseñanzas que nos hacen conscientes, nos informan, acerca de este camino. Pero los místicos vivos, si podemos encontrarles, desempeñan un papel aún más fundamental. Debido a que ellos mismos han caminado el sendero, pueden guiarnos personalmente por el camino, tal y como ellos fueron guiados por su propio maestro. Y, puesto que han comprendido la dimensión espiritual, los místicos vivos manifiestan su realidad incluso en nuestro plano de existencia, proporcionándonos inmensa inspiración y un poderoso ejemplo a seguir. Los místicos nos explican que es parte del orden natural que siempre haya maestros verdaderos viviendo en la tierra para guiar a los buscadores espirituales. En la tradición sufí del Islam, estos maestros se llaman murshid o pir, en las tradiciones bhakti de la India gurú o satguru, en la tradición hasídica del judaísmo, el zaddik.

Emprender el camino de vuelta a nuestra fuente divina es el verdadero propósito de la vida en esta forma humana. Independientemente de que esta fuente divina se conozca como espíritu, Dios, Señor, Allah, Wahiguru, Adonai, Buda, el Uno, o cualquier otro nombre, o ningún nombre en absoluto, es una cuestión de preferencia individual. Cómo describir nuestra vida espiritual, qué prácticas exteriores seguir para apoyar nuestra vida interior, pertenecer a alguna religión y a cuál, son igualmente todas opciones individuales. Lo importante es cultivar la experiencia del espíritu.

Reclamando nuestra herencia
Los místicos dicen que cada uno de nosotros es el legítimo heredero de un tesoro de valor incalculable. Somos todos de un linaje y una familia. Pero, dado que hemos perdido de vista quien somos, sentimos que falta algo en nuestras vidas y sufrimos confusión y conflicto. La riqueza infinita de la espiritualidad es nuestro derecho de nacimiento y será nuestra cuando desarrollemos nuestra capacidad espiritual como seres humanos, cuando despertemos a nuestra verdadera identidad y regresemos a nuestro origen espiritual. Para lograr esto solo precisamos de la conducta correcta y la práctica espiritual correcta bajo la guía de un maestro místico vivo.