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Tomar Conciencia

Hoy vamos a echar un vistazo a dos aspectos de la vida de un discípulo en este sendero. Ambos deberían formar parte de nuestra vida diaria, de quiénes somos y de cómo vivimos en el mundo. Los dos son componentes clave de Sant Mat, tal como solía describirlos Hazur Maharaj Charan Singh Ji; una actitud que hay que desarrollar y un modo de vida que hay que adoptar. Ambos aspectos deben construirse sobre la base de nuestra práctica de meditación diaria y son: vigilar nuestra mente y hacer simran durante todo el día.

1. Vigilar a la mente
Los santos nos dicen que la mente es el principal obstáculo para nuestros esfuerzos en el sendero. Nos explican que necesitamos vigilarla constantemente si queremos alcanzar el éxito, ya que su tendencia es ir hacia la oscuridad, mientras que nuestro objetivo es ir hacia la luz. Nuestra mente mira hacia abajo, y el sendero nos lleva hacia arriba. Si cedemos ante la mente podemos deslizarnos paulatinamente, o precipitarnos hacia el abismo de este mundo. Si tenemos la mente ocupada en cosas positivas, manteniéndola alejada de toda negatividad, comenzaremos a ascender hacia la luz.

Maharaj Jagat Singh Ji dice:

Todos los actos que la mente nos dice que hagamos en este mundo, nos sepultan bajo una capa tras otra de suciedad. Cuando miramos con deseo acumulamos suciedad… Y cuando nos dedicamos a chismorrear amontonamos más y más suciedad.1

Existen interminables ejemplos de conductas inapropiadas de la mente: juicios de valor y pensamientos negativos sobre los demás: reaccionar con ira antes los actos de la gente; dar rienda suelta a la autocompasión; sentir orgullo: “Hice un gran trabajo con ese proyecto”, y así sucesivamente.

En el clásico texto chino, El Tao Te King, podemos leer el siguiente comentario:

No es fácil aprender a corregir a la mente y conseguir una intención sincera. Es necesario hacer un auténtico esfuerzo a fin de conseguir tal objetivo. Un esfuerzo auténtico implica ser más cuidadosos con nosotros mismos, prestar más atención a lo que no se ve y no se oye, ser conscientes en todo momento, analizarnos una y otra vez sin dejar que las intenciones caprichosas de esta mente obstinada pasen a la acción, ni siquiera en secreto. Es como encadenar a un mono salvaje o domar a un caballo salvaje impidiendo que den rienda suelta a su naturaleza.2

Hazur utilizó exactamente el mismo ejemplo: “A la mente no le gusta que la encarcelen o la encaucen, pues es igual que domar a un caballo salvaje, sin embargo podemos entrenarla.”3 Y dijo:

Esto implica retomar el control de la mente inferior. Pero sabemos que nunca cesa de jugarnos malas pasadas y hemos de estar siempre preparados para controlarla y detenerla si muestra signos de rebeldía. La esencia de Sant Mat es controlar a la mente, sometiéndola a la disciplina del Satgurú.4

Los místicos nos aconsejan que controlemos las tendencias negativas de la mente cuando todavía son superficiales, antes de que echen raíces. Se ha dicho que cuando un pensamiento o tendencia negativo aparece en nuestra mente, se le denomina “pasajero”. Si continúa surgiendo en la mente, se le llama “invitado”. Y por último, si se convierte en un hábito o en un patrón que se repite, se le denomina “aquel que ocupa el hogar”. En otras palabras: un residente permanente.

Imaginemos que tu jefe contrata a su sobrino para un puesto que tú esperabas conseguir. Lo primero que piensas es: “Consiguió el trabajo solamente por ser el sobrino del jefe”. Esto es normal. Este es un pensamiento pasajero. La próxima vez que nos venga este pensamiento, podemos dejarlo y pasar página, diciendo: “Es la decisión del jefe”, o podemos dejar que nos obsesione haciendo que nos sintamos maltratados y enfadados: “Ese puesto debería haber sido para mí”. Ahora el pensamiento es un invitado. Por último, si surge otra vez, podemos ignorarlo, hacer nuestro simran y seguir adelante, o podemos dejar que nos amargue de tal modo que comencemos a odiar al sobrino. Ahora el pensamiento ocupa el hogar – convive con nosotros y nos lleva a decir palabras y cometer actos cargados de ira, con las correspondientes repercusiones kármicas.

Es mucho más fácil dejar que el invitado siga su camino, que echar a alguien que se ha mudado a nuestra casa. Aunque esta decisión requiere tener consciencia. Citando alTao Te King:

Los sabios maestros de la antigüedad …
Como quien cruza un río en invierno,
¡Que prudentes!
Como quien presiente el peligro a su alrededor,
¡Que cautos!
Como si siempre fueran huéspedes.5

Así pues, deberíamos estar tan atentos y vigilantes a nuestra mente como cuando cruzamos un río en invierno, donde un paso en falso puede significar la muerte. Deberíamos vivir como invitados –¡lo que en realidad somos! – comportándonos siempre de la mejor forma y teniendo cuidado de no ofender a nuestro anfitrión, el Señor, con una conducta desconsiderada.

Con todo, hemos de recordar que el maestro siempre nos alienta a ser positivos, y en vez de decir, “¡No! Yo no debería pensar esto”, deberíamos sustituir el pensamiento negativo por algo positivo, ya sean las palabras del maestro sobre algún tema, o por el simran. Hazur escribió una frase maravillosa que es útil recordar cuando alguien hace algo que no nos agrada –lo cual, por supuesto, sucede a diario– Él dijo: “Nadie nos hace nunca nada bueno o malo”. Esta frase, si somos capaces de recordarla, tiene un poco la magia de transformar una situación de forma inmediata. Veamos la cita completa de Hazur:

Nadie nos hace nunca nada bueno o malo, ni nadie nos insulta ni nos honra. El maestro mueve los hilos desde el interior y hace que el comportamiento de la gente con nosotros suceda según nuestros karmas. Así pues, no hemos de tomarnos tan a pecho la conducta de la gente hacia nosotros.6

Si hiciésemos uso de esta carta y la leyésemos cada vez que nuestra mente dijera “No me gusta lo que esa persona me hizo”, ¡qué distinto sería!

Se cuenta una historia en la que se formuló una pregunta a un sufí: “¿Qué es lo que has traído y qué has estado haciendo?”. Y él respondió “He traído a este perro del ego, a quien he estado vigilando durante toda una vida, para que no se abalance sobre mí, ni sobre otra persona, y he traído conmigo esta mente repleta de mugre, a la que he intentado purificar durante toda mi vida”. Esta es la clase de atención constante de la mente que tenemos que desarrollar.

2. Simran
Observemos cómo es nuestra práctica del simran durante el día. El simran es, por supuesto, una parte clave de nuestro periodo de meditación diario. Aunque el simran repetido durante el día también forma parte esencial de nuestra tarea espiritual. No es simplemente algo bueno que debamos hacer cuando nos convenga, sino un aspecto necesario de nuestro trabajo si queremos avanzar desde el principio. Hazur le escribió a alguien:

La repetición debe acompañarnos siempre, mientras caminamos, hablamos, comemos, despiertos o dormidos... Hemos de acostumbrarnos tanto al simran, que incluso al estar conversando con los demás siga su curso en nuestra mente. Debe practicarse en todo momento, pues esta es la única manera de recoger la conciencia del cuerpo. El éxito en esta empresa es primordial antes de que pueda establecerse cualquier contacto con la corriente del sonido.7

Básicamente si durante veintiuna horas y media damos rienda suelta a nuestra mente, no nos será posible retirarla luego en solo dos horas y media. Tenemos que tener la mente ocupada en el simran siempre que esté libre, si queremos albergar alguna esperanza de retirar la conciencia del cuerpo durante la meditación.

El maestro nos dice que primero tenemos que adquirir el hábito de hacer simran siempre que nuestra mente esté libre, de manera que llegue a convertirse en un simran sin pausa, día y noche. Hazur explica:

Hemos de cultivar el hábito de hacer simran en el tiempo libre del día; de hecho, a cualquier hora en que no estemos particularmente ocupados. De este modo, a su debido tiempo, se convertirá en simran subconsciente o lo que denominamos simran automático en el interior de la mente.8

¿Cómo podemos aprender a hacer el simran durante el día? Le preguntaron a Baba Ji, y él respondió que era como cultivar cualquier hábito; debe repetirse lo suficiente hasta que llegue a crearse el hábito. También mencionó que cuando al anochecer estamos en una discoteca y escuchamos la misma canción una y otra vez, dicha canción es lo primero que resuena en nuestra cabeza al despertarnos. Lo que nos sugiere que hacer simran antes de acostarnos puede ser un buen punto de partida para empezar a intentar recordarlo durante el día. De hecho, los maestros nos recomiendan que hagamos quince minutos de simran antes de irnos a dormir. Este es un paso concreto que podemos dar.

El momento más fácil para hacer la repetición durante el día es, probablemente, cuando estamos trabajando en tareas repetitivas y habituales, como ducharnos, cocinar, lavar los platos o caminar. Si hacemos un esfuerzo consciente de unir el simran a cada una de estas tareas, podemos llegar a repetirlo durante todo el día. Hazur escribió: “Existen momentos durante una jornada de trabajo que suponen una buena ocasión para repetir el simran, como por ejemplo, al ir y venir del trabajo, o cuando no estemos concentrados en ninguna tarea, cualquiera que sea.”9

Podríamos añadir a estos ejemplos: mientras esperamos a que se inicie el ordenador, cuando hacemos fotocopias, esperando el autobús, esperando en la cola del supermercado, o haciendo ejercicio…, en todo momento en que no tengamos la mente ocupada. Si observamos nuestro día, encontraremos que en gran parte de él se nos brinda la oportunidad de hacer que los nombres fluyan por nuestra mente.

Y a medida que nuestro simran comience a estar activo durante más periodos del día, recordemos darle las gracias al maestro, pues el simran solo proviene de él.

Si con la gracia del maestro hemos conseguido repetir el simran durante todo el tiempo libre del día, este continuará extendiéndose a todas las áreas de nuestra vida y de nuestro tiempo. Según la cita anterior de Hazur: “De este modo, a su debido tiempo, se convertirá en simran subconsciente o lo que denominamos simran automático en el interior de la mente”. “Se convertirá –dijo él– en nuestro compañero constante cuando quiera que caminemos, hablemos, en las comidas, despiertos o dormidos.”10 Hazur explicó con detalle este punto en una sesión de preguntas y respuestas:

Pregunta: Maestro, ¿Tiene algún valor para ti que una persona repita el simran de forma inconsciente? Por ejemplo cuando dedicas dos o tres horas al simran y después tienes que cumplir con tus obligaciones, entonces te levantas y puede que tengas que ir al supermercado, a la calle o hacer alguna otra cosa, y de repente te das cuenta de que de forma automática, el simran se está repitiendo interiormente en algún lugar de tu mente.

Maestro: Hermana, llegará un momento en el que el simran continuará de forma automática. Aunque estés hablando con alguien, sentirás que estás haciendo simran, y deberíamos adquirir ese hábito porque solo así seremos capaces de concentrarnos en el centro del ojo. Solo eso nos ayudará a hacernos inconscientes del mundo, de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Entonces nos desenvolveremos igual que los actores en un escenario.

En ese nivel sentiremos que no hay realidad. En alguna ocasión estarás hablando a una persona y sentirás que no eres tú. Que es otro el que está paseando y hablando con esa persona. El simran ayuda a separar tu individualidad de ti mismo... Entonces todo el día verás al mundo como un escenario, como si otro fuera el que está actuando, hablando, ejecutando el deber de marido, de esposa, de niño, y que tú eres alguien diferente de ti mismo. Y eso ayuda. Ese es el efecto del simran, y eso es lo que finalmente queremos lograr. Queremos separar a nuestro verdadero ser de este mundo.11

3. Motivación
Así pues, hemos hablado de vigilar a nuestra mente y hacer el simran a lo largo del día. Ambos son aspectos importantes de nuestra vida como discípulos, requisitos necesarios para convertirnos en seres humanos conscientes y atentos. Sin embargo, ¿somos capaces de hacer esto? Si no es así, ¿volcamos todavía toda nuestra atención en estas tareas, haciéndolas prioritarias en nuestra vida? ¿O las hemos dejado de lado por ser demasiado difíciles? Conforme pasa el tiempo, tendemos a hacer nuestra meditación como algo rutinario o como un ritual, sin intensidad alguna, y vivimos como discípulos superficiales, actuando de manera rutinaria, sin devoción o sentimiento alguno.

En el libro La imitación de Cristo, Thomas de Kempis, un monje alemán del siglo XV, escribió:

Todos los días deberíamos renovar nuestro propósito con Dios y despertar nuestros corazones al fervor y a la devoción, como si fuera el primer día de nuestra conversión. Y todos los días debemos orar y decir: “Ayúdame, mi Señor Jesús, para que pueda perseverar en mi buen propósito y en tu santo servicio hasta mi muerte, y que pueda comenzar hoy perfectamente porque no he hecho nada en el tiempo pasado.”12

Él dice que tenemos que renovar constantemente nuestro compromiso y devoción, que aunque nuestras intenciones sean buenas, tenemos que fortalecer nuestro trabajo espiritual con una firme determinación y con pasión.

¿Qué es lo que nos motiva a esforzarnos tanto en este sendero? ¿Qué es lo que nos da el ansia interior que nos incita a levantarnos cuando suena la alarma, a hacer lo máximo que podemos en un proyecto de seva, a continuar intentando repetir el simran a lo largo del día, a pesar de olvidarnos de hacerlo, a pedir perdón cuando perdemos los estribos aunque pensemos que la otra persona está equivocada, a abordar nuestra meditación cada mañana con energía y con el compromiso de hacerla lo mejor posible? He aquí una cita que personifica la actitud que hemos de adoptar:

Algunos discípulos, envueltos en un torbellino de actividad, estaban descuidando su meditación. El maestro les advirtió: “No digáis: ‘Mañana meditaré más tiempo’. De repente os daréis cuenta de que ha pasado un año sin que se hayan cumplido vuestras buenas intenciones. En vez de eso, decid: ‘Esto y aquello puede esperar, pero mi búsqueda de Dios no puede esperar.’”13

Este sentido de la atención única en el foco, cuando el sendero ocupa el primer lugar en nuestras vidas, es crucial para alcanzar el éxito en nuestro trabajo espiritual. ¿Cómo se desarrolla? ¿Podemos ayudar a que crezca? Veamos algunas posibilidades.

4. Tener un objetivo claro
¿Por qué nos levantamos cada mañana a meditar? (¡Suponiendo que lo hagamos!) Puede ser porque se lo hayamos prometido al maestro. Esa es una buena razón, pero puede que pierda fuerza con el tiempo. Quizá nos levantemos aunque solo sea por rutina y sin una razón clara. Por eso Baba Ji nos alienta a recordar qué nos motivó a pedir la iniciación y cuáles son nuestras metas en el sendero a fin de mantener vivo el entusiasmo.

Si mantenemos nuestro objetivo principal en mente: alcanzar el centro del ojo, ver la forma radiante en el interior, complacer al maestro – lo que quiera que sea que nos llegue al corazón, que haga despertar algo en nuestro fuero interno–, es más probable que podamos usarlo para que nos motive a actuar y a infundir en nuestros actos todo el entusiasmo y la energía que esta elevada y noble tarea se merece.

Esta es una manera posible de aumentar nuestra motivación: tener un objetivo claro ante nosotros.

5. El dolor de la vida
Algunos de nosotros conocemos profundamente el dolor que conlleva vivir en este mundo. Los maestros describen este mundo como un lugar de considerable sufrimiento. El dolor no dura siempre; también puede haber muchas alegrías. Pero en general, sobre todo en comparación con los planos más elevados, los maestros dicen que este mundo es tenebroso y doloroso.

Maharaj Jagat Singh, en un discurso titulado “El mundo padece dolor”, habla sobre el dolor inherente de vivir en este mundo de dualidad, ego y maya (ilusión):

Todo el que entra en la esfera del ego entra en la esfera del sufrimiento. Si no nos hubiésemos apartado del Nam y entrado en la dualidad, no habríamos venido a esta tierra de sufrimiento. Es como un linde, una simple línea, una frontera. Si estás en un lado, estás en tu país y te encuentras cómodo y feliz; si estás en el otro lado, te encuentras en territorio hostil… No existe dolor como el de maya. Una persona que ha cambiado el Nam por maya, y la unidad por la dualidad, ha entrado en el engaño y la preocupación. En la preocupación se encuentra el sufrimiento.14

La comprensión de la certeza del dolor en la vida –sea la enfermedad física o mental, la pobreza, el divorcio, o la guerra– puede resultar una poderosa motivación para trabajar duro por escapar del sufrimiento.

6. La conciencia de la muerte
Otra forma de motivarnos, puede ser la certeza de nuestra propia muerte y la incertidumbre de cuándo va a suceder. Hazur solía decir que cuando tomamos una taza para beber algo, no sabemos si seguiremos todavía con vida antes de que llegue a nuestros labios. O cuando abrimos la puerta de nuestro coche para salir de él, puede que no sigamos con vida antes de que nuestros pies se posen sobre el suelo. Puede que dispongamos de cuarenta años de vida o de cuarenta segundos. Ahora es cuando tenemos la oportunidad, mientras estamos vivos, de trabajar para nuestra salvación duradera bajo la guía de un maestro vivo. La incertidumbre de la duración de nuestra vida, puede motivar a alguno de nosotros a realizar un gran esfuerzo.

7. La gratitud al Maestro
Otro factor que podría servir para motivarnos es la gratitud. Si de verdad comprendiésemos y apreciáramos lo que se nos ha dado, lo aprovecharíamos al máximo. De todos los miles de millones de personas que hay en el mundo, ¿cuántas oportunidades existen de escuchar hablar sobre el sendero y de ser lo suficientemente receptivos para aceptarlo? Cero. Es el maestro quien nos encuentra, quien siembra la semilla de la devoción en nosotros, quien abona dicha simiente y la mantiene viva, a pesar de toda la presión del mundo y las bajas tendencias de la mente. Si creyésemos en las maravillas que él ha hecho por nosotros – y lo que sigue haciendo cada día –, podríamos utilizar nuestra gratitud por estos regalos a fin de alentarnos a dar todo lo mejor de nosotros en el sendero.

8. Devoción
Para aquellos de nosotros con una disposición hacia la devoción, aprovechar el amor que sentimos por el maestro puede ser un fuerte motivo de inspiración que nos impulse a esforzarnos más en el sendero. Y qué mejor manera de demostrar nuestro amor por él que intentar ser buenos discípulos con el máximo esfuerzo, haciendo acopio de toda nuestra fuerza para hacer lo posible por complacerle.

9. La entrega
Otro factor final que puede servir para motivarnos es la entrega. Quizá lleguemos a un punto en el que comencemos a entender – a entender de verdad – lo poco que realmente somos capaces de hacer y lo que él quiere de nosotros, y seguimos adelante a pesar de todo, porque él nos lo ha pedido y porque no tenemos ningún otro lugar a donde ir, ningún lugar al que queramos ir. Quizá encontremos más fuerza en la obediencia y en la entrega, que en la lucha.

Vamos a concluir con algunos pensamientos de Baba Ji – lo que mejor recuerdo de la sesión de Febrero 2011 en el Dera. Él dijo que podemos hacer más de lo que nosotros creemos. Tenemos mucha más capacidad de la que pensamos. No conocemos nuestro potencial. Solo tenemos que seguir trabajando. Baba Ji dijo que somos capaces de hacer más – incluso cinco minutos más de meditación – para que él se sienta orgulloso de nosotros, y así seremos capaces de sentir el cambio en nosotros mismos.


  1. Maharaj Jagat Singh, Discourses on Sant Mat, Vol. II, p.52
  2. Liu I-Ming, Awakening to the Tao, ed. Thomas Cleary, p.54
  3. Maharaj Charan Singh, Luz sobre Sant Mat, carta 51
  4. Luz sobre Sant Mat, carta 83
  5. Lao-Tzu, The Way of Life (Tao Te Ching), tr. R.B. Blakney, chapter 15
  6. Maharaj Charan Singh, En Busca de la Luz, carta 259
  7. Maharaj Charan Singh, Science of the Soul Newsletter, Jan–Feb 2004
  8. En Busca de la Luz, carta 49
  9. Maharaj Charan Singh, Science of the Soul Newsletter, January–Feb 2004
  10. Science of the Soul Newsletter, Jan–Feb 2004
  11. Muere para vivir, #177
  12. Thomas á Kempis, The Imitation of Christ, p.53
  13. Paramahansa Yogananda in Spiritual Link, August 2009, p.18
  14. Maharaj Jagat Singh, Discourses on Sant Mat, Vol. II, pp.53,61