Solo somos espectadores - RSSB Satsangs & Composiciones

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Solo somos espectadores

Cuando tenemos una convicción real y nos damos cuenta de que nada nos pertenece, que todo es una obra de teatro y que solo somos espectadores, entonces, naturalmente, no nos apegamos a nadie. Entonces empezamos a sentir ese vacío interior. El desapego crea esa sensación de vacío. En cierto modo, es el Señor que nos está preparando para algo a lo que aferrarnos1.

En la cita de antes, Maharaj Charan Singh va directo al corazón de nuestro dilema humano. Hasta que no logremos reconocer que “solo somos espectadores” y sigamos identificándonos con los papeles que desempañamos en el juego de la vida, sufriremos debido a nuestros apegos. A lo largo de innumerables vidas hemos interpretado muchas veces todos los papeles inimaginables. Debido a esta identificación nos hemos enredado en una compleja red kármica, un laberinto de callejones sin salida de los que aparentemente no se puede escapar. La única escapatoria es cuando nos concienciamos de que “todo es un teatro” y no tiene más importancia que la de un sueño. En otras palabras, hemos empezado a afrontar la realidad, estamos despertando de un viejo y profundo sueño, y comenzamos a ver con otra perspectiva. En la literatura espiritual hay muchas referencias de místicos que han aplicado colirio a los ojos de sus devotos, capacitándoles para mirar al mundo con otra visión.

Formamos parte de un espectáculo lleno de engaño, en el que nada es verdadero y todo es falso. A través de la práctica de la meditación se produce un proceso de distanciamiento y aislamiento de lo que antes nos era familiar. Comenzamos a sentir que no somos de este mundo, empezamos a “darnos cuenta de que nada nos pertenece”, de que vivimos en una tierra extraña y pertenecemos a otro lugar. Somos como “un forastero en Jerusalén”2 de camino a nuestro reino espiritual al que verdaderamente pertenecemos. Hazur explica maravillosamente el efecto del desapego que crea un vacío dentro de nosotros, que es “el Señor quien nos está preparando para algo a lo que aferrarnos”. Ya no buscamos fuera algo en lo que apoyarnos, sino que nos volvemos hacia dentro buscando el respaldo de la presencia divina interna. Lo real no tiene nada que ver con lo de fuera, las cosas que antes eran atractivas se vuelven insípidas, la soledad, el vacío interior se llena cada vez más con el deseo de permanecer en una atmósfera de tranquilidad. Estar en un estado de receptividad y aferrarse al Shabad interior.

Hazur compartió el tesoro oculto de sus enseñanzas durante casi cuarenta años, pero, ¿le hicimos caso? Se necesita tiempo y cierta madurez para apreciar realmente el increíble legado que nos dejó. Continuando con la cita de Perspectivas espirituales, Vol. II:

A menos que nos aferremos al Shabad y Nam en el interior, es difícil alejar esa soledad, alejar esa sensación de no pertenecer a nada ni a nadie y de que nadie nos pertenece. Al aferrarnos al Shabad experimentamos la felicidad que supone sentir que por fin le pertenecemos, que nuestra propia realidad y nuestro verdadero ser nos pertenecen y somos parte integrante del Shabad. Entonces, esa sensación de vacío o soledad que con frecuencia nos frustra y nos abate, se desvanece. Esto tiene que pasar, no puede evitarse3.

Vivir una vida contemplativa en la que nuestra meditación diaria es primordial, nos ayuda a adoptar el papel de espectadores. Cuando nuestro punto de atención empieza a desplazarse hacia el interior, nuestra tendencia de aferrarnos a objetos, actividades y relaciones externas disminuye. Se produce una lenta transformación a lo largo de toda una vida de meditación, y el surco en la mente se vuelve indeleble. El hogar se convierte en el lugar donde te sientes a gusto, donde sientes que perteneces. El Shabad ha estado haciendo su trabajo y comienzas a recoger el fruto de tus esfuerzos, de tus fracasos, de caer y volver a levantarte. El afán inicial por obtener experiencias internas se ve sustituido por una profunda paz interior y por el agradecimiento a los numerosos dones de la gracia. La atracción desde el interior se intensifica tanto que automáticamente te inclinas hacía esa dirección. Qué maravillosa sensación de “que tu propia realidad y tu ser verdadero te pertenecen”. Te das cuenta de que no estás solo, de que él siempre está contigo. Un sentimiento de gratitud inunda todo tu ser y la meditación se convierte más que nada, en un acto de profundo agradecimiento.

La conciencia de tu ser verdadero se hace real cuando la forma de vida de Sant Mat prevalece por encima de todo lo demás. Sentir su mano guiadora en tu vida diaria, vivir con tu maestro, recorrer el sendero de la vida con él, experimentar la alegría del simran que reverbera incluso en el fondo de tu mente; todas estas cosas son de inmensa ayuda para centrar nuestra atención en nuestro interior. Este cambio de atención conlleva una claridad de pensamiento y una mayor conciencia. El teatro de la vida sigue desarrollándose, pero tú ya no formas parte de él con todo tu ser. Lo observas desde la perspectiva de un espectador. Como Hazur explica:

Por debajo del nivel del centro del ojo estamos unidos al cuerpo y nos encontramos sometidos por completo al control de la mente, por lo que no nos sentimos separados del cuerpo. Pero al llevar la conciencia al centro del ojo, en ciertas ocasiones el alma se libera de la mente, entonces sentimos que este cuerpo pertenece a otra persona y que solo somos espectadores que observan a este cuerpo moviéndose por el mundo, haciendo todo tipo de cosas, y nosotros somos algo diferente. El alma está adquiriendo su identidad, su individualidad. La individualidad del alma se está desarrollando mediante la práctica espiritual4.

¡Que perspectiva espiritual tan impresionante! Por medio de nuestra práctica espiritual podemos alcanzar un estado mental en el que empezamos a percibir que somos “algo diferente”. Al adentrarnos en nosotros mismos, acercándonos al núcleo de nuestro ser –que es el amor– comenzamos verdaderamente a rebasar los límites de lo físico. Pero no solo lo físico, porque el nudo que une a la mente y el alma se va aflojando, y el alma va recobrando “su identidad”. Esto es volver a casa. Volver al hogar, a nuestro hogar verdadero.


  1. Perspectivas espirituales, Vol. II, Pregunta 444.
  2. La Biblia, Lucas 24:18.
  3. Perspectivas espirituales, Vol. II, Pregunta 444.
  4. Perspectivas espirituales, Vol. II, Pregunta 347.