Descargar | Imprimir

Misticismo y la búsqueda de la Verdad

A menudo se piensa que un místico es alguien que está perdido ante la realidad, siempre en las nubes, lleno de nociones vagas y ambiguas. Sin embargo, si examinamos detenidamente los escritos que nos han dejado los grandes místicos a lo largo de la historia, nos damos cuenta de que el misticismo verdadero es práctico, objetivo y científico. Los místicos resultan que son de los pocos seres humanos que se han dedicado a la búsqueda de la verdad y de la realidad, y están entre los grandes científicos de hoy, exceptuando el hecho de que las preguntas que hacen son distintas. Los místicos únicamente se preocupan por las preguntas existenciales de la humanidad, que surgen dentro de todos: ¿Quién soy? ¿Cuál es el significado de mi vida? ¿De dónde ha surgido esta conciencia que tengo, y que le ocurre a la hora de la muerte? ¿Cuál es la verdad? ¿Qué es real? Los místicos se parecen a los científicos en otro aspecto también: no se satisfacen con meras palabras o promesas, sino que insisten en verificar todas las teorías mediante su propia experiencia, viendo y escuchando la verdad con sus propios ojos y oídos, por así decirlo.

Si esta es la verdad, surge lógicamente una pregunta: ¿Qué han descubierto estos místicos – que abarcan a muchos de los líderes religiosos, filósofos y pensadores más reconocidos de la humanidad – a lo largo de sus esfuerzos milenarios? Si nos centramos en sus escritos, encontramos una gran unanimidad en muchos de los puntos – extraordinario teniendo en cuenta la diversidad de culturas, épocas y lugares desde donde proceden sus voces. Efectivamente, la concordancia entre sus relatos otorga un fuerte testimonio a la validez de sus descubrimientos.

Un aspecto en el que todos los místicos coinciden, es que nadie, ni siquiera los propios místicos realizados, nos pueden dar simplemente las respuestas que buscamos. Esto se debe, según ellos, en parte porque las respuestas no se pueden plasmar en palabras y conceptos sencillos y por otra parte porque deben de ser experimentadas. Al igual que ningún padre puede aprender nada para su hijo, de esa misma manera, cada uno de nosotros debe de crecer y conocer la verdad por sí mismo. Mientras otros pueden ofrecernos asesoramiento sobre dónde podemos buscar, e incluso sugerirnos lo que podemos aprender, la búsqueda y el aprendizaje deben de ser propios.

Un segundo punto en el que hacen hincapié los místicos, es que las respuestas que buscamos, y de hecho todo conocimiento verdadero, no puede ser hallado en el exterior, sino que debe de ser revelado en lo profundo de nuestra conciencia. Sócrates declaró, ‘ Conócete a ti mismo. ’ Los místicos nos dicen que este conocimiento de uno mismo es el primer paso para descubrir al Ser Supremo. Realizan una afirmación sorprendente: nos dicen que Dios, la Realidad y Verdad última, mora en nuestro interior. Como dijo Jesucristo, ‘ El Reino de Dios está en vuestro Interior, ’ y en el Corán podemos leer, ‘ Estamos más cerca de él que su vena yugular. ’ Gurú Arjan, el quinto gurú en la línea de los Gurús Sikh, escribió, ‘El que cree en Dios como verdadero, en su corazón conoce la esencia del Creador, la Causa de todas las causas.” Kabir Sahib, el gran Santo y poeta Indio escribió:

Completo, entero y siempre presente
Es el único Ser Supremo verdadero
En el cuerpo de cada ser humano—
El Señor que está libre de toda limitación.

Evidentemente, está afirmación maravillosa, da lugar a una duda dentro de nosotros: si Dios está en nuestro interior, ¿cómo podemos desconocer su existencia? Y esto lleva a otro punto en el que los místicos coinciden: estamos bajo el hechizo de una mente ilusoria. Son nuestros pensamientos desordenados que ahogan la realidad y encubren la voz interior de Dios. La teósofa Madame Blavatsky escribió, ‘ la Mente es el gran Verdugo de lo Real. ’ Los místicos nos dicen que el propósito de la vida humana es dominar esta ilusión aquí y ahora, y ellos nos enseñan cómo hacerlo. Nos enseñan varios tipos de oraciones o meditación por la que el ser humano común puede aquietar sus pensamientos, desarrollar la paz interior y la concentración, y gradualmente concienciarse de la presencia de Dios. En los salmos, Dios dice, ‘ Aquietaros y conoced que yo soy Dios. ’

Otro punto común entre los místicos, heredado por la experiencia humana en todo su alcance, es que una vida pura y una disciplina mental son necesarias para la búsqueda de la verdad. Los actos inmorales nos retienen de distintas maneras. Ante todo porque tenemos que rendir cuentas de nuestras acciones. Nuestras acciones siempre exigen ser compensadas. Las escrituras hindúes lo llaman la ley del Karma, o causa y efecto; Jesucristo lo explica como: ‘ Cosecharás lo que siembres. ’ La inmoralidad es también un impedimento porque únicamente una mente pura puede ver a Dios en el interior. Por tanto, los místicos nos instan a seguir los principios elevados de la moralidad, entre ellos el vegetarianismo, abstenerse de todo tipo de intoxicantes, y ganarse su propio sustento.

Finalmente, los místicos siempre insisten en que debemos buscar una orientación en nuestro viaje, proporcionada por un ser humano que ya haya realizado el viaje. Aunque debemos de realizar el viaje nosotros mismos, todavía es esencial un guía vivo igual que en otros retos difíciles. El buscador espiritual verdadero buscará un guía que conozca el camino, que pueda enseñar la espiritualidad, independientemente de cual sea su raza, secta o país de origen. Como el místico musulmán Rumi escribió: “ Si deseas realizar un peregrinaje, ve con alguien que ya lo ha realizado, indistintamente de que sea hindú, turco o árabe. ”