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Ser Humano

A lo largo de todas las eras, todas las sociedades y culturas han tenido sus propias leyes morales. La ecología moral, formada por estas leyes, son el conjunto de normas, creencias, supuestos y comportamientos que surgen en ese momento específico y definen el criterio de la ‘acción correcta’. Estos criterios nos animan a ser un determinado tipo de persona, apoyado por la sociedad de la que procedemos.

Sin embargo, llega un momento en el que el sistema social al que pertenecemos nos empuja en una dirección que no sirve de respaldo ni para nuestra vida interna ni externa. Thomas Merton dice que experimentamos un cierto sentido de distanciamiento “del mundo interior del significado y del amor”1 – que como consecuencia provoca un anhelo en nuestro interior de querer ser uno con el Uno. Cuando nos damos cuenta de que hemos perdido nuestro equilibrio, empezamos a hacer las preguntas que esperamos nos puedan satisfacer al nivel más profundo de nuestro ser, y a hacer visible el camino que nos lleva hacia nuestra vida interior.

Los Maestros, místicos, y las personas santas de todas las tradiciones filosóficas – sea esta cristiana, budista, hindú, musulmana o seguidores de Sant Mat – proponen que la base de la unión con Dios, de la realización de Dios, está formada en gran medida por nuestro comportamiento. Nuestro comportamiento es moldeado por la cultura moral de nuestra época y se apoya en nuestro ‘paisaje’ interior. Para algunas religiones, la manera de descubrir este paisaje interior es a través de la oración; para otras son las penitencias, las austeridades, etc. Sin embargo, realmente, nuestro comportamiento es el resultado de las creencias básicas que mantenemos cercanas a nuestro corazón, y como trasladamos estas creencias a nuestras acciones cotidianas. ¡Y cómo nos comportamos y qué tipo de ser humano somos sí que importa!

En el libro Yoga and the Bible el autor dice:

No hay preguntas más importantes a las que se enfrenta el ser humano que aquellas que tratan de descubrir realmente quién o qué es, qué lugar ocupa en el universo, cuál es su relación con el Ser supremo, y qué sendero debe de seguir para “cumplir con la voluntad del Padre” y obtener … salvación.2

En otras palabras, la realización de Dios no se puede obtener meramente por pedirla, ni puede ser obtenida con nuestra sonrisa deslumbrante; la realización de Dios solo puede obtenerse a través de la expresión activa diaria de los supuestos básicos que forman y apoyan el objetivo primario de nuestra vida. Este supuesto es: No vivimos únicamente para obtener la felicidad, sino que vivimos para algo más elevado. Y esto es lo que nos quieren transmitir los maestros cuando dicen que el propósito de la forma humana, de nuestra existencia en este mundo, es la unión con el Señor. Convertirnos en un ser humano que amolda su vida de tal manera que todo lo que hace apunta en esa dirección y corrobora nuestro objetivo de la realización de Dios.

Entonces, la sugerencia que nos hacen los Maestros repetidamente, de que seamos buenos seres humanos, toma tanto un enfoque práctico como poderoso en nuestra vida cotidiana. Entendemos que el camino hacia la realización de Dios no puede ser un camino hedonista, sino que, como plantea John Stuart Mill, un sendero en el que “Hemos aceptado la responsabilidad de ser más correctos moralmente a medida que pasa el tiempo, donde nuestra meta se orienta en elevar la excelencia del alma, y es nutrida con la dicha, que es consecuencia de una lucha moral exitosa.”3

Esta lucha moral es el comienzo de un largo camino que construye el tipo de carácter y constancia que precisamos para vivir, no solo nuestra vida en este mundo, sino también el sendero interior hacia la realización de Dios. Al principio puede parecer un viaje largo y arduo, pero como nos sugieren en el libro Adventure of Faith “Nadie debe desanimarse … ya que el sendero interior trata sobre volver, retroceder, el camino que descendió el alma de su morada verdadera, que tuvo lugar durante un intervalo de tiempo inimaginable.”4

Como somos humanos, no podemos llegar con un paso gigante. El camino comienza con el reconocimiento de que somos imperfectos. Pero la buena noticia es, que mientras somos imperfectos, tenemos el camino que nos lleva a nuestro hogar, en nuestro interior. Realizamos muchas acciones negativas, pero a la vez, tenemos la capacidad de superar nuestras debilidades. Nuestra alma ha â€descendido de regiones espirituales elevadas, de la realidad absoluta, y tiene la capacidad de elevarse de nuevo a aquellas alturas y recuperar su libertad perdida.”5 Tenemos la capacidad de poder luchar con nosotros mismos, y somos capaces de realizar los sacrificios necesarios para asegurarnos la victoria interior que buscamos.

El Evangelio de Jesucristo afirma:

A pesar de la dificultad, la lucha por la pureza humana es sólo un medio hacia el contacto con la Música interna, y es esta Música que finalmente trae la perfección al Ser humano.
Por tanto, el mejor y más efectivo enfoque, en la búsqueda de la perfección humana es buscar la perfección divina a través de la meditación en la palabra de Dios. Entonces, todas las buenas cualidades humanas suben a la superficie, como la nata en la lecha.6

Por tanto, es un enfoque con doble perspectiva: El objetivo de convertirnos en buenos seres humanos se respalda por nuestro compromiso de luchar contra nuestras propias debilidades, y la lucha contra nuestras debilidades automáticamente se vuelve ‘factible’ a través de nuestra meditación y el sendero en el que estamos.

El Evangelio de Jesucristo sigue:

Sin embargo, en la mayoría de las personas, el sentido de la identidad humana, es un aspecto de la mente, que se ha apoderado del sentido del yo.7

Inicialmente, no nos damos cuenta de que nosotros – con nuestro sentido de identidad – simplemente somos una ilusión. En este estado desequilibrado, “la identidad humana” se convierte en el ego humano que siempre está presente, reivindicándose como el egoísmo y el ‘yo’ en todos los aspectos de la vida…. Si eliminamos el sentido ilusorio del ‘yo’, estos [el egoísmo y el yo] se convierten en una contrapartida equilibrada – desapego, contento, castidad y tolerancia.8

Este es el viaje humano. Luchar contra nuestras propias debilidades es un paso hacia el logro de ese objetivo verdadero que buscamos. En esta lucha, un poco de humildad nos ayuda. ¿Y por qué los santos hacen tanto hincapié en la necesidad de equilibrarnos y de deshacernos del ego y adquirir la cualidad de la humildad?

Una reflexión es que nos hacemos humildes en cuanto nos queda claro que, en esta lucha, nuestras habilidades individuales no son suficientes para la tarea que hemos elegido. La humildad nos recuerda una y otra vez que no somos el centro del universo, sino que nuestras vidas sirven un objetivo más elevado. En Spiritual Letters, su maestro le dice a Maharaj Sawan Singh que en todo momento tenga presente en su mente las siguientes palabras: “No soy nada. No soy nada. No soy nada.”9

Maharaj Charan Singh dice:

El Dera … se construye sobre el seva, el amor, la devoción, la humildad y la meditación. Y tenemos que construir toda nuestra vida sobre estos principios.”10

A lo largo de los tiempos, los destrozos del ego sobre la humanidad han sido legendarios, y contradicen los principios sobre los cuales estamos intentando desarrollar nuestra vida. El ego nos ciega y nos hace creer que somos mejores, o peores, de lo que realmente somos – y mejores o peores que los que nos rodean. También el ego nos dice que el sendero que recorremos es mejor que el de los demás. Cediendo a estas creencias, hemos perdido el sentido de la humildad, que es necesario para caminar sobre el sendero hacia la realización de Dios.

In En el Evangelio de Jesucristo, está escrito:

Sin cierto grado de perspectiva espiritual, el sentido natural del ‘yo’ humano se convierte en un ego enormemente inflado…. Al contrario, la apreciación verdadera de la identidad del ser humano y la relación con todo lo demás en la creación del Señor, conduce hacia la humildad … una persona verdaderamente humilde automáticamente será amable, generosa, paciente, y serena.11

Ningún conflicto externo será tan importante como esta lucha contra nuestras propias carencias internas. Nuestra lucha contra el egoísmo, la intolerancia y la inseguridad le da un significado y moldea nuestras vidas. Enfrentarnos a nuestras debilidades hace que seamos constantemente conscientes de las elecciones que tomamos. El propósito final no es llegar al destino final a cualquier precio, sino mejorar en esa batalla contra nosotros mismos. Debemos recordar que el mejor oro proviene del fuego más ardiente. De la misma manera, cada reto al que nos enfrentamos en el camino es una oportunidad para sentir la gracia del Maestro y reforzar nuestra valentía para seguir caminando. Cuando aceptamos cada pena, cada momento de desesperación, cada duda, cada temor y respondemos con valentía – sin importar lo indignos que nos consideremos – estamos caminando hacia él y hacia nuestro objetivo verdadero en la vida. Pronto nos daremos cuenta de que no nos enfadamos con tanta frecuencia, que somos más honestos, somos más dóciles hacia aquellos por los que no sentíamos empatía, y así sucesivamente. Estas son señales de progreso.

Comprometerse en la lucha para afianzar nuestro carácter es lo más importante unido con nuestra meditación en este sendero. Nuestro carácter se convierte en aquellos hábitos y respuestas que se quedan grabadas en nuestra mente interna en el proceso de la transformación. Los millones de pequeños actos de autocontrol, de compartir amabilidad, de afecto y compasión nos amoldan y gradualmente y eventualmente, se quedan grabados en nuestra mente interna creando esa tendencia hacía la acción correcta.

Al fin, nos damos cuenta, que lamentablemente el seguir tomando decisiones egoístas y crueles nos está alejando de nuestro ser verdadero. Así pues entendemos el razonamiento, el rol y la necesidad de los cuatro votos en el sendero que nos perfilan y convierten en individuos que se comportan con autodisciplina y compasión habitualmente.

Todas las cosas que nos desvían del camino son efímeras, pero sus consecuencias son duraderas. Todo aquello que crea nuestro carácter, para ser buenos seres humanos, dura para siempre; ya que forma el corazón de nuestra existencia y nutre a nuestra alma. Nos hacemos más resistentes en nuestra habilidad de ser obedientes hacía nuestra meta más elevada, en lugar de sucumbir ante las recompensas inmediatas que proporcionan las metas efímeras.

Maharaj Charan Singh nos dice en Muere para Vivir:

Si no tenemos un buen carácter moral en el exterior, no podremos progresar en absoluto en el interiorl…. Si eres débil por fuera, serás más miserable y débil en el interior; y no podrás progresar mucho.12

Y esto no lo podemos hacer solos. La compasión, la razón y la voluntad propia no son los suficientemente fuertes para vencer constantemente a nuestro egoísmo, orgullo, avaricia y autoengaño. Necesitamos ayuda de alguna parte; tenemos que apoyarnos en algo más elevado que nosotros mismos. Necesitamos al Maestro, que nos cincela el carácter y que frena la impetuosidad de nuestro espíritu; necesitamos la meditación, y nos necesitamos los unos a los otros en el Satsang. Hay veces que podemos aprender de los valores culturales de Sant Mat para re–educar a nuestro corazón en la dirección correcta. Rendimos más cuando nuestra lucha se une a la de otros que también están luchando. Hazur nos habla del propósito de satsang:

Somos capaces de desarrollar en nuestro interior la humildad y la mansedumbre … y podemos ser una fuente de fortaleza para apoyar y ayudarnos los unos a los otros a poder elevarnos por encima de nuestras debilidades. Este es el propósito del satsang…13

Cuando menos, somos una comunidad de almas que estamos atravesando el mismo sendero. Y continúa:

Y las personas que se dedican a la meditación – satsanguis buenos y nobles – incluso ellos necesitan esa atmósfera, para retener la humildad en su interior y para escaparse del egoísmo innecesario.14

Realmente, no nos salvaremos por nuestra lucha singular contra nosotros mismos – sino que seremos salvados finalmente por su gracia. La batalla contra la debilidad es muy grande. Creemos ‘que lo tenemos’ y luego algo nos desvía de nuestro camino – el fracaso, la enfermedad, la muerte, la pérdida de nuestro empleo o un vuelco en nuestro destino. Estos momentos son sus obsequios para recordarnos la humildad que precisamos para avanzar.

Y los momentos que nos hacen humildes nos recuerdan su gracia. La gracia puede llegar de la manera más inesperada: una mirada compasiva de un amigo, ayuda de un desconocido, una señal de carretera que dice, ‘sigue allí’. Y de repente, nuestro camino se endereza de nuevo. Nos recuerdan que Él es el hacedor.

En nuestros momentos de miseria, retos y vulnerabilidad, estamos más abiertos y sensibles al hecho, de que la gracia está siempre presente y nos acompaña en el camino. El maestro lo describe como silenciar nuestro ser, hecho que ocurre cuando podemos experimentar su presencia, y esto únicamente ocurre cuando silenciamos el sonido de nuestro propio ego. El problema de nuestra mente es que sentimos que podemos ganarnos esa gracia, pero es Él que nos da siempre ese regalo de la gracia. Es importante renunciar a la idea de que nosotros podemos ganarnos esa gracia.

Es en la quietud, que podemos adquirir el equilibro para continuar con la lucha contra nuestras debilidades y seguir con el viaje grandioso en el que nos encontramos. Paul Tillich dice:

La gracia nos llega cuando estamos sufriendo mucho dolor y desasosiego. Nos llega cuando andamos por el valle oscuro de una vida insignificante y vacía…. Nos llega cuando, año tras año, la perfección de la vida que deseamos, no nos llega… cuando la desesperación destruye nuestra felicidad y valentía. A veces, en ese momento un rayo de luz se filtra en nuestra oscuridad…. Y en ese momento, la gracia conquista al pecado.15

Hazur dice:

[La gracia] No está en nuestras manos obtenerla. Lo único que podemos hacer es ser sinceros y leales en lo que concierne a nuestra meditación, y luego dejarlo todo a la misericordia del Señor.16

No alcanzamos el nivel en el que podemos ver cuál es nuestro ‘depósito privado’ de razones por las cuales nos ocurren distintas cosas en la vida, y no somos capaces de comprender la profundidad de nuestra propia mente. Pero observamos que la humildad, la valentía y la gracia juegan un papel muy importante en nuestro camino.

La buena noticia es que es aceptable que seamos imperfectos. Es nuestra humanidad – el tener debilidades y ser vulnerables, y reconocerlas – que nos ayuda a tener empatía hacia los demás. Aceptando nuestras debilidades somos más capaces de abrir nuestros corazones y brazos y ofrecer cariño y amor a los demás.

La belleza de seguir en la lucha por convertirnos en buenos seres humanos es que nos volvemos más compasivos a medida que pasa el tiempo. Nos podremos desviar del camino de vez en cuando, pero podemos enfrentarnos a cada reto con un compromiso renovado hacia nuestra meta mayor. Cada debilidad se convierte en una oportunidad para emprender una campaña que le da un sentido más amplio y profundo a nuestra vida y nos hace mejores personas. Podemos comprometernos repetidamente a ser más nobles y cada vez que nos arrepentimos y buscamos el perdón, hay dignidad en el fracaso. Hazur dice:

Aquel que corre, tiene posibilidad de caerse, pero se cae únicamente para levantarse de nuevo y correr. Caer en trampas de vez en cuando nos frena, pero siempre que intentamos superar las debilidades, nos levantamos y avanzamos de nuevo.17

Debemos aceptar estos fracasos como pilares de fuerza, siempre y cuando nos levantemos y sigamos caminando. Si no nos volvemos a levantar, ya es distinto. Estamos repletos de debilidades, y por tanto caemos en trampas. Pero siempre debemos de ser constantes en el camino. Nuestro destino debe de estar siempre presente ante nosotros, y deberíamos de intentar levantarnos de nuevo, y caminar de nuevo. Finalmente, tendremos éxito.18

Cada lucha que atravesamos nos deja marcados y hace que seamos más profundos como seres humanos. Esta alquimia nos transforma en seres humanos con realización propia y Divina, y nos trae felicidad. Esta felicidad nace del conocimiento y del recuerdo de la verdad a la que servimos.

En última instancia, aquellos que luchan con superación contra sus propias debilidades quizás no llegan a ser adinerados y famosos, pero si maduraran espiritualmente. La madurez espiritual no se basa en el talento, en la belleza ni en la riqueza. No se consigue siendo mejor persona que los demás, sino siendo mejor persona de lo que nosotros mismos éramos. Se obtiene con una lucha constante por convertirse en un ser humano mejor, afrontando todo lo que nos llega. La madurez espiritual no es glamurosa. Una persona madura espiritualmente, no depende de las reacciones por parte de otras personas para guiarse sobre lo correcto, sino que se basa en ese baremo interior que le lleva a preguntarse, ¿Esto me acercará a Él?

Se dice que el sendero hace un llamamiento a la valentía de un guerrero. Incluso meditar dos horas y medias diarias exige no solo tener determinación pero renunciar a muchas cosas que se consideran importantes según los demás. Llegamos cuando decimos que ‘no’una multitud de veces a costa de solamente algunos ‘sí’. Llegamos a través de las miles de elecciones que hacemos a favor de nuestra meta verdadera. Llegamos atravesando el camino de la gracia que él constantemente pone ante nosotros. Llegamos porque hemos sido atraídos hacia algo que es mucho más grande que nosotros y porque él ha hecho que seamos jugadores interesados en este plan.

Llegamos por las decisiones diarias que tomamos para comprometernos con la repetición del simran, y en nuestra meditación que despejará el camino y hará que desaparezca nuestro pequeño ser y que sea remplazado por nuestro ser verdadero. El espíritu que nos guía en este viaje es el Maestro. El hace que avancemos. Tulsi Sahib dice:

Escucha, estas siendo llamado constantemente por el Altísimo.
La voz de tu amado te invita siempre.
No es el encuentro con tu amado que es arduo;
Lo que es difícil, O Taqi, es poder contemplarle.
Dice Tulsi, sin la gracia de un guía realizado,
El sendero de la salvación está lejos, y fuera de tu alcance.19

Cuando somos bendecidos por su gracia y nos permitimos entrar en su campo sin temor, vemos que somos parte de un todo, que somos elementos de una armonía universal, que todo – nuestro paisaje interno y externo – está en sintonía con y para Dios. Nuestra meditación y el ser un buen ser humano son los componentes esenciales de este camino; y merecen la pena haciendo que nuestra meta sea alcanzable – nuestra alma retrocede hacía su hogar verdadero. Vemos que él ya nos tiene en su regazo. Cuando fuimos iniciados, nos hizo la promesa de que tendríamos éxito. Él nos llevará a casa. Solo nos pide que hagamos nuestra parte.


  1. Thomas Merton, Essential Writings, p.87
  2. Yoga and the Bible, p.2
  3. John Stuart Mill, as quoted in The Road to Character, p.282
  4. Shradda Liertz, Adventure of Faith, p.251
  5. Bulleh Shah, p.34
  6. John Davidson, The Gospel of Jesus, p.863
  7. The Gospel of Jesus, p.865
  8. The Gospel of Jesus, p.865
  9. Baba Jaimal Singh, Spiritual Letters, p.106
  10. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. III, #139
  11. The Gospel of Jesus, pp.866–67
  12. Maharaj Charan Singh, Die to Live, p.57
  13. Spiritual Perspectives, Vol. III, #165
  14. Spiritual Perspectives, Vol. III, #171
  15. Paul Tillich, The Essential Tillich, p.131
  16. Spiritual Perspectives, Vol. III, #477
  17. Maharaj Charan Singh, Spiritual Perspectives, Vol. II, #578
  18. Spiritual Perspectives, Vol. II, #538
  19. Tulsi Sahib, p.77